Cuarenta y cuatro, en fin, del 16

A quien corresponda:

Sabemos que quizá no sea el mejor momento de pedir sino más bien de dar, que bastante tenemos con lo de estas semanas y nuestra generosidad se reduce a un obediente quedarnos quietos, quien dice quietos dice estar en nuestras casas en estado de por si acaso, no salgas. Hoy la calle, nuestra calle, nuestras calles tenían un aspecto diferente. Lo han notado hasta las palomas, que se han tenido que mover a más velocidad que estos días porque las bicis, los patines eléctricos, los de ruedas y ruedines, los balones de fútbol, las pelotas, pelotitas, pelotones varios, los cochecites de bebé, hasta las muñecas y sus muñecos han cumplido su plazo de libertad condicional. Las palomas que campaban a sus anchas por aceras, adoquines, carreteras, parques, farolas, bancos, escalones, han vuelto a su rara normalidad de una ciudad que estaba siendo suya hasta que la han tenido que compartir a la fuerza.

Podrá entender, ahora que me lee atentamente, que caerse hoy de la bici, tropezarse, tocar suelo y levantarse corriendo, eran hoy auténticas recomendaciones del sigan, sigan y del no pasa nada, no pasa nada, pero ten cuidado anda, ¿pasaba algo acaso?. Hoy era el día de aprender del todo a andar en bici, a manejar el patín a lo bestia e incluso explorar esas zonas de las calles que hasta hace nada se trazaban como autómatas. Hoy bien por medio, a mí la calle, que venga y me manosee por todos lados, hoy me dejo. Se ha demostrado eso que somos expertos del vivir y que sin la calle lo somos menos.

Usted se habrá imaginado que hoy ha sido el día del qué más da, del pero si ha sido solo un ratito, del por aquí no habrá nadie, vaya pues sí lo hay, del salimos y ya, del total un poco más. Ha sido el día de las excusas, del ya que estamos y del yo vaya pero aquél, eh, aquél, mire mire, aquél. Conste que hay también de lo otro, de lo “¿normal?”, del de la prudencia, del cuidado extremo y de zonas que llevan grabado el sentido común en su bandera y en el nombre de su pueblo o ciudad. Seguro que le suena todo eso pero como lo encerramos en el bote hermético para utilizar en mejores ocasiones, ha sido hacer el intento de abrir y salieron disparados como petardos, nunca mejor dicho.

Me disculpe, pero iba a empezar esta misiva con una súplica para que el día de hoy, el cuarenta y cuatro de un 26 de abril, fuera declarado oficialmente el “Día Mundial de las Sonrisas que tuvimos que esconder y se liberaron” o también el “Día Mundial de la suelta de los podencos humanos hacia la libertad”, pero visto lo visto, su señoría, mejor ni lo intentamos. Así que disculpe esta carta, ya que la tenía escrita se la remito de igual manera, y deseo que pueda recuperarla para una mejor ocasión, que me temo que tardará uno poquitín solo, que decían mis hijos cuando eran bien pequeños. Hoy se tapaban los ojos. Espero les disculpe.

Suyo afectuoso y muy respetuoso.

Optimista por naturaleza. Consultor Artesano en branding, planning y comunicación en un entorno digital. Buscando conexiones entre marcas y personas. Escribo.

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