Página cuarenta y seis del 16

El tacto estaba ya acostumbrado del todo a su presencia. No por ser conocida, la relación resultaba mucho más placentera, agradable, aún más íntima que en otras ocasiones. Deseosa de volver a palpar ese momento en otro instante del día, pensando en ese universo que se creaba y por un tiempo generoso, sentir de verdad comienza en las yemas de los dedos. Continúa después en la mirada atenta y con ritmo cadente de segundos más duraderos que el tic tac habitual, e historias con personajes que vienen y van en tu imaginación desplegando emociones en tercera persona que haces tuyas con las consiguientes lecciones en cada párrafo que apuntas en el archivo “To Do” de tus acciones futuras. Incluso en el de “To Say” para el momento de las confidencias.

Quedan apenas 16 páginas de este libro, después de tres centenas de ellas repletas de escenarios diseñados por tu imaginación, situaciones que te hacían saltar de tu relajante butaca de lectura y siesta del café de tarde y notas escritas a pie de página como para recordar en cualquier momento de tu vida, a saber cuándo. Tus manos te piden que comiences de nuevo de lo a gusto que están. Los dedos, esos dedos acostumbrados a acariciar a las personas que quieres como símbolo de cariño, ternura y quiero que me sientas aquí y ahora, quieren seguir acariciando frases que le llegan por el conducto interno que gobierna tu inteligencia lectora. Pasar una página es al mismo tiempo extender el placer de leer y la angustia de saber que queda menos.

7 últimas páginas que se mezclan con la llamada del siguiente libro que está a la espera y demanda ser también acariciado para que sus historias emerjan al calor de la yema de tus dedos. Quieres saborear el final, que vaya despacio, que se equivoquen las frases para volver a empezar de nuevo en la página de atrás, que salgan incluso faltas de ortografía para pararte y que no acabe nunca. Este momento personal del silencio querido y aceptado no tiene que tener final, te lo suplico.

Última página: ¿por qué? te preguntas. ¿por qué ya? Duele decir eso de que este es mi momento, que quieres sentir el último arrebato, porque nunca es cierto cuando tienes un libro entre tus manos: es nuestro y lo vivimos juntos. El momento final duele. Ya. Tus manos voltean la tapa y la acarician mostrándole el penúltimo afecto de estos días juntos. Miras la tapa, levantas la cabeza como mirando al techo para hacer un resumen breve, para llevarte algo de inmediato. Huyes de ello. No es justo. Por qué una idea, por qué solo una frase. Una palabra Fin que en pocas ocasiones hace justicia. Una palabra FIN que es el inicio de una nueva historia que comienza dentro de cada cual.

Optimista por naturaleza. Consultor Artesano en branding, planning y comunicación en un entorno digital. Buscando conexiones entre marcas y personas. Escribo.

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